Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 12 de julio de 2017

Novena a la Virgen del Carmen, día sexto


Novena a la Virgen del Carmen. Día sexto: La Virgen María en las bodas de Caná. La foto es de la imagen procesional de la iglesia de los carmelitas descalzos en Panamá.

Salutación para todos los días: 

Virgen María, Madre y hermosura del Carmelo, Estrella del mar, en esta novena acudimos a ti implorando tu amparo. Madre de Dios y Madre nuestra, dirige tu mirada a todos los que invocamos tu auxilio, escucha nuestras plegarias y enséñanos a servir a Jesús con corazón sincero, como hiciste tú. Madre de misericordia y refugio de los pecadores, intercede por nosotros ante tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


Lectura bíblica: 

Del evangelio según san Juan (2,1-12). «Había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: No les queda vino. Luego dijo a los sirvientes: Haced lo que él os diga… Así Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos».


Reflexión: 

¡Cuánto puede la intercesión de una madre! En las bodas de la época de Jesús, los vecinos se reunían en la casa de los esposos cada atardecer durante siete días seguidos. Allí compartían los alimentos y el vino, cantaban y bailaban. María se da cuenta de que se ha acabado el vino y acude a su Hijo. Aunque él le dice que aún no ha llegado «la hora» de su manifestación, ella insiste y arranca de su Hijo el primer signo. 

Al transformar el agua de las seis tinajas para la purificación en el vino de la fiesta, Jesús indica que ya ha terminado el tiempo de preparación y ha llegado el del cumplimiento; que él es el esposo, enviado por Dios para unirse en matrimonio de amor con la Iglesia y con el alma de cada creyente, para traer a la tierra la gracia de la nueva alianza, representada por el «vino bueno». El banquete de Caná, en realidad, está celebrando este desposorio místico.

Pidamos a María que nos enseñe siempre a hacer lo que él nos diga y que abra nuestros ojos para que comprendamos los signos de la presencia amorosa del Señor en nuestras vidas.


Invocaciones:

ROSA DEL CARMELO, perfúmanos en el alma y en el cuerpo, para que seamos buen olor de Cristo en medio de nuestros hermanos. Dios te salve, María…

ESTRELLA DEL MAR, conduce nuestra barquilla en el mar de la vida hasta que lleguemos a las playas luminosas de la Patria. Dios te salve, María…

REINA DEL CIELO, que un día gocemos de tu compañía en la eternidad y proclamemos contigo la grandeza del Señor, porque el Poderoso hizo en ti maravillas. Dios te salve, María…

(Pídase la gracia que se desea alcanzar)


Letanías:

Santa María, madre de Dios y madre nuestra, ruega por nosotros.
Madre solícita en la visitación, ruega por nosotros.
Madre oferente en el templo, ruega por nosotros.
Madre exiliada en Egipto, ruega por nosotros.
Educadora de Jesús, ruega por nosotros.
Intercesora en Caná, ruega por nosotros.
Atenta a las necesidades de los hermanos, ruega por nosotros.
Madre de los discípulos de Jesús, ruega por nosotros.
Madre que nos indica el camino, ruega por nosotros.
Madre y hermosura del Carmelo, ruega por nosotros.


Oración final: 

Padre santo, te suplicamos que nos asista con su intercesión la santísima Virgen María, madre y reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección, que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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