Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 11 de julio de 2017

Novena a la Virgen del Carmen, día quinto


Novena a la Virgen del Carmen. Día quinto: María, madre de Jesús. La imagen se encuentra en la iglesia de los carmelitas descalzos de Santa Cruz de Tenerife.

Salutación para todos los días: 

Virgen María, Madre y hermosura del Carmelo, Estrella del mar, en esta novena acudimos a ti implorando tu amparo. Madre de Dios y Madre nuestra, dirige tu mirada a todos los que invocamos tu auxilio, escucha nuestras plegarias y enséñanos a servir a Jesús con corazón sincero, como hiciste tú. Madre de misericordia y refugio de los pecadores, intercede por nosotros ante tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura bíblica: 

Del evangelio según san Lucas (2,4-7). «José subió desde Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, a ella le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada».

Reflexión: 

En Belén, los ángeles cantaron la gloria de Dios y anunciaron una alegría «para todo el pueblo» (Lc 2,10). Navidad es la fiesta de la luz porque se manifiesta la gloria de Dios, porque él no está lejos, sino que viene a nuestro encuentro y nos muestra su gracia. Cuando los pastores se acercaron al portal, pudieron comprobar que «un niño nos ha nacido» (Is 9,5) y descubrieron que toda la gloria, toda la alegría y toda la luz estaban concentradas en ese niño. Dios se ha hecho frágil por amor, se ha hecho niño en el vientre de María.

En el nacimiento de Jesús, María vivió una gran paradoja: El ángel Gabriel le anunció que su hijo sería el mesías de Dios, el Hijo del Altísimo, el rey de Israel, pero ella no le dio a luz en un palacio real, sino en un pobre establo. Las casas de Belén estaban cerradas para los pobres, por lo que el mesías nació fuera de la ciudad. Los primeros que adoraron a Jesús tampoco fueron los poderosos, sino unos sencillos pastores. «María, por su parte, conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

Pidamos a María que nos ayude a desconfiar de los fastos de la apariencia, a vivir con sencillez, a dejarnos sorprender por lo pequeño. Aprendamos de ella a renunciar a las pretensiones insaciables, a dejar de lado el malestar por las cosas que nos faltan y a encontrar la paz y la alegría verdaderas en el servicio humilde a los pequeños.

Invocaciones:

ROSA DEL CARMELO, perfúmanos en el alma y en el cuerpo, para que seamos buen olor de Cristo en medio de nuestros hermanos. Dios te salve, María…

ESTRELLA DEL MAR, conduce nuestra barquilla en el mar de la vida hasta que lleguemos a las playas luminosas de la Patria. Dios te salve, María…

REINA DEL CIELO, que un día gocemos de tu compañía en la eternidad y proclamemos contigo la grandeza del Señor, porque el Poderoso hizo en ti maravillas. Dios te salve, María…

(Pídase la gracia que se desea alcanzar)

Letanías:

Santa María, madre de Dios y madre nuestra, ruega por nosotros.
Madre de Jesús, ruega por nosotros.
Madre del Emmanuel, ruega por nosotros.
Madre del mesías, hijo de David, ruega por nosotros.
Madre del Señor, ruega por nosotros.
Madre gozosa en Belén, ruega por nosotros.
Madre orante, ruega por nosotros.
Madre servicial, ruega por nosotros.
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre y hermosura del Carmelo, ruega por nosotros.

Oración final: 

Padre santo, te suplicamos que nos asista con su intercesión la santísima Virgen María, madre y reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección, que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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